“Subsistiendo en el Antiderecho”.

Publicado: julio 19, 2012 en Cuentos, Reflexiones
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Por: Alberto Blanco-Uribe Quintero.

Narrador: Eduardo fue un estudiante de derecho, apasionado. Durante sus años en secundaria pasó sus materias, jamás tuvo que reparar, pero en realidad no le llamaba mucho la atención la actividad académica. Pero al ingresar a la universidad, la de sus sueños, la que vence las sombras, la U.C.V., todo cambió.

Sin importar lo poco motivante que muchos de sus profesores universitarios fueron, supo sacar provecho de aquellos que sí supieron inspirarlo, y comenzó a destacarse como un alumno brillante, que preparaba clases, intervenía en el aula, e investigaba mas allá de la bibliografía que le era recomendada, hurgando en la filosofía y hasta en los por qué del comportamiento humano.

En el segundo año de su carrera disfrutó de su primer acercamiento al derecho administrativo, al grado de que desde entonces y aún faltando tantas cosas por descubrir en el mundo del derecho, supo que en el derecho público estaría su futuro desenvolvimiento profesional, como abogado, e incluso su ansiada actividad académica, como investigador y docente.

Así, a lo largo de su carrera se interesó mucho en todo cuanto tuviera que ver con las relaciones jurídicas entre la Administración Pública y las personas, y claro, al obtener su título de abogado, empezó sus estudios de postgrado, logrando su especialización en derecho administrativo.

Empero, su familiar formación humanista no le permitía ver a dichas relaciones como de poder o de sujeción, sino, muy por el contrario, como establecidas sobre bases igualitarias, viendo a la Administración Pública como una simple herramienta de la persona, puesta al servicio de la satisfacción de sus necesidades, y gravada en su finalidad por la obligación de fungir como garantía de la plena satisfacción de los derechos humanos. He allí, a juicio de Eduardo, la naturaleza ontológica de la Administración Pública.

Se hizo, pues, Eduardo, patrocinador de los intereses de las personas o, mejor aun, defensor de los derechos humanos, de quienes en pos de sus libertades se relacionasen con la Administración Pública, contratando su representación legal, mediando el pago de honorarios profesionales, o incluso pro bono, dado su compromiso frente a los mas necesitados.

Muchas fueron las oportunidades que tuvo Eduardo de representar a diversas personas ante la Administración Pública, tanto a nivel nacional como municipal, y del mismo modo cuantiosas las ocasiones en las que tuvo que percatarse, por si mismo, en su práctica profesional cotidiana, de la arbitrariedad y de la carencia de mística de trabajo de la generalidad del funcionariado público, sin perjuicio de aquellos quienes viendo la ilegalidad a su alrededor, se ven precisados a cerrar los ojos por la impronta de la necesidad económica.

Su vida profesional está llena de anécdotas que, en el momento de los acontecimientos, se revelaron como tremendas injusticias, y que con el tiempo, sin ser lo sucedido lo que en realidad correspondía, ulpinianamente hablando, ahora visto retrospectivamente, es lo cierto que en la actualidad se muestran como parte omnipresente en la tragicomedia que vive a diario su sociedad.

En una oportunidad, estando Eduardo en su despacho de abogados, sentado a su escritorio mientras meditaba en un caso, se le ocurrió que sería conveniente acudir a la Alcaldía del Municipio Libertador del Distrito Capital, a objeto de pedir y revisar el expediente administrativo de su cliente y, eventualmente, solicitar copias simples o certificadas de todo o parte de lo que allí constase, y que pudiera servir a la mejor defensa de los derechos por él patrocinados.

En efecto, el caso consistía en un reclamo fiscal, por concepto de impuesto a las actividades económicas, con liquidación de intereses moratorios e imposición de multa, por la presunta comisión de infracciones por omisión de ingresos brutos en sus declaraciones impositivas, que constaba en una resolución dictada por la Superintendencia Municipal Tributaria.

Así, Eduardo pensó que en el expediente administrativo encontraría recaudos probatorios que demostrarían el vicio de ilegalidad por falso supuesto, de la actuación fiscal.

De esa forma, lleno de ilusión, aunque un poco vapuleado por el ajetreo del Metro de Caracas, llegó a la sede de la Alcaldía y se dirigió a la dependencia respectiva, en donde pasó lo siguiente:

Eduardo: Buenos días.

La Funcionaria: (mientras hablaba por su celular) Un momento mi amor.

Narrador: Eduardo consultaba sus notas durante la conversación personal de la funcionaria, oyendo sus risas, lo que tomó como diez minutos, hasta que al fin esta colgó.

La Funcionaria: En qué te puedo ayudar papito?

Narrador: Eduardo disimuló su desagrado pensando en el mandato constitucional que ordena que el trato de los funcionarios públicos a las personas sea de ciudadano o ciudadana.

Eduardo: (Con tranquilidad) Deseo ver el expediente administrativo…

Narrador: El repique en tono de reggaetón del celular de la funcionaria interrumpió a Eduardo, y la funcionaria siguió hablando de asuntos personales, como si nada, por otros diez minutos.

La Funcionaria: Decías mi vida.

Eduardo: (Impacientado) Quiero ver el expediente administrativo de mi cliente, la empresa XXX.

La Funcionaria: Y cómo así papá, tu sabes que no podemos estar mostrando los archivos de la Alcaldía a cualquiera que llegue y lo pida.

Eduardo: Pero no soy cualquiera, soy el representante legal de la empresa y tengo derecho a ver su expediente administrativo.

La Funcionaria: Mira cielo…

Narrador: En ese instante llegó otra mujer, con carnet de esos colgantes que indicaba que también era funcionaria de la Alcaldía, y se puso a contar algo de alguien, realmente privado. Eduardo con palabras galantes y cordiales las detuvo y exigió que le atendieran, que no tenía mucho tiempo.

La Funcionaria: Te decía amor que eso no te lo podemos dar, pero si quieres te llevo con mi supervisora, porque me pareces cuchi, y si ella lo autoriza con gusto te lo doy y le sacamos las copias que desees.

Narrador: Eduardo asintió y mientras caminaba pensó.

Eduardo: (Pensando) Que prostituido se encuentra el principio de legalidad, o como dice ahora la normativa, de sometimiento pleno a la ley y al derecho, que siendo obligatorio entregar el expediente administrativo al interesado, esta funcionaria diga que no es posible, pero que por ser o parecerle cuchi y siempre que el jefe se lo ordene, me lo darán…….ay de mi país!

Narrador: Llegan a la oficina de la supervisora, a quien la funcionaria le relata lo sucedido, en medio de miraditas y sonrisitas cómplices de ambas.

La Supervisora: Así que quieres ver el expediente administrativo de la empresa XXX.

Eduardo: (Sin vacilar) Sí!

La Supervisora: Y tu no sabes que eso es secreto, es confidencial pues.

Eduardo: Perdone licenciada, la Ley Orgánica de Procedimientos Administrativos dispone claramente que……

La Supervisora: (Interrumpe) Esa ley es de la cuarta!!!!!

Eduardo: Pero se encuentra vigente pues no contraviene lo que dice la Constitución de 1999.

La Supervisora: Mira doctorcito, aquí en esta Alcaldía no aplicamos leyes de antes de la revolución.

Eduardo: (Ya visiblemente contrariado) Durante la Revolución Francesa a Luis XVI lo decapitaron para acabar con la arbitrariedad de las actuaciones ocultas del poder y de esa manera…..

La Supervisora: (Interrumpe) Qué!!!!! Hasta dónde pueden llegar los enemigos del pueblo! Le cortaron la cabeza al Papa???

Eduardo: (Tratando de controlar su molestia) No licenciada, el Papa es Benedicto XVI y está tranquilito en Roma. Yo le hablo de Luis XVI, Rey de Francia, pero ya no importa. Está bien, pero aplicando entonces normas de la quinta, le recuerdo que la Constitución de 1999 prevé el acceso a los archivos administrativos y especialmente a los expedientes administrativos, dentro del alcance del derecho humano a la información.

Narrador: La supervisora veía a Eduardo con expresión incrédula y mirada desdeñosa.

Eduardo: (Continuó) Incluso, el Presidente de la República, ese cuyo retrato tiene usted a su espalda, dictó los Decretos con Valor, Rango y Fuerza de Ley Orgánica de la Administración Pública y de Ley de Simplificación de Trámites Administrativos, donde explícitamente se regula el acceso libre a los expedientes administrativos, bajo la figura del principio de transparencia administrativa, que también prevé nuestra Constitución.

Narrador: Hubo un silencio corto, pero infinito.

Eduardo: Además, la jurisprudencia de nuestros tribunales ha venido sosteniendo de manera pacífica que…..

La Supervisora: (Interrumpiendo) Mira doctorcito la verdad es que aquí estamos muy ocupados.

Eduardo: No lo pongo en duda, como yo también lo estoy, pero ustedes están al servicio de las personas.

La Supervisora: Lo que puedo hacer por ti es sugerirte que lo pidas por escrito, identificándote bien, con copia ampliada a color de tu cédula de identidad laminada, lo mismo que a la empresa de la que quieres ver el expediente administrativo, con copia de su licencia de actividades económicas, y …..

Eduardo: (Sin poder dar crédito a sus oídos, interrumpe) Pero yo solamente dispongo de pocos días para ejercer un recurso jerárquico o un recurso contencioso tributario, y de aquí a que me respondan ese escrito, y si es que resulta favorable mi pedido de acceso al expediente administrativo, ya no habrá chance de preparar adecuadamente la defensa de la empresa.

La Supervisora: Me vas a disculpar doctorcito pero ese no es problema mío ni es mi culpa, yo no fijo los lapsos para los recursos legales.

Narrador: En ese momento, Eduardo sacó una hoja tamaño oficio de su bolso y comenzó a redactar a mano una petición de acceso al expediente administrativo, pero la supervisora lo detuvo.

La Supervisora: Epa doctorcito, no quieras dártelas de vivo conmigo, recuerda que los escritos deben ser hechos en computadora, en letra Arial, tamaño 12, en hojas tamaño oficio, con timbres fiscales, además debes acompañar copia del poder que acredita tu representación y no veo que tengas una a mano.

Eduardo: Pero licenciada, en ninguna parte dice la ley que no se pueda redactar a mano un escrito. Así mismo, yo he actuado a nombre de esa empresa en múltiples ocasiones, ante esta Alcaldía, y siempre he acompañado copia de mi poder, así que deberían constar varios ejemplares de ese mandato, que es general, en el expediente administrativo, incluso, mire la resolución de reparo, me la notificaron a mi, por reconocerme como representante legal de la misma la propia actuación fiscal. Sepa usted, que el Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley de Simplificación de Trámites Administrativos dice que no me pueden exigir presentar copia de recaudos que ya constan en el expediente administrativo.

La Supervisora: Todo eso está muy bien, doctorcito, pero como no tengo el expediente administrativo aquí, no puedo saber si lo que me dices es verdad.

Eduardo: (Pensando en dónde habrá quedado el principio de buena fe y el de confianza legítima) Bueno, la Ley Orgánica de Procedimientos Administrativos consagra la figura del despacho saneador o despacho subsanador que…..

La Supervisora: (Interrumpe) Ya te dije que esa ley es de la cuarta!

Eduardo: (Murmura) Esto es una locura, no puede estar pasando…

La Supervisora: Cómo dices doctorcito? Bueno, de todas formas no olvides que en el escrito debes indicar exactamente los documentos del expediente administrativo de los que quieras que saquemos copias simples o certificadas.

Eduardo: Pero cómo voy a saber, antes de ver el expediente administrativo, qué partes de él pudiese querer copiar?

La Supervisora: Ese no es mi problema. Si quieres ver el expediente administrativo, cosa que como ya te dijimos no se puede hacer y que solamente permitiré porque le pareciste cuchi a Cristina (así se llama la funcionaria), tendrás que cumplir con las reglas que te he dicho. Vuelve cuando tengas todo!

Narrador: Eduardo salió de la Alcaldía perturbado ante la injusticia y la prepotencia funcionarial, pero, como nota positiva, iba motivado a escribir acerca del principio de una Administración Pública al servicio de las personas, aunque se cuestionaba si esas funcionarias llegarían a leer alguna vez tales reflexiones.

Camino a su oficina, dándose cuenta de lo inútil que sería la gestión por escrito ante la Alcaldía, consideró la posibilidad de ejercer una acción de amparo tributario o una acción de amparo constitucional ante los tribunales tributarios, que le permitiese acceder al ansiado expediente administrativo para preparar mejor su defensa, por lo que al llegar al bufete habló con una de sus socias, quien era otra enamorada del derecho, quien le explicó que esos juicios no obtienen sentencia antes de semanas o meses, no obstante estar diseñados y concebidos para la tutela inmediata de los derechos humanos. Entonces Eduardo le dijo que solamente contaba con unos días hábiles mas, aproximadamente veinte de los veinticinco de caducidad que acuerda la ley.

En ese momento ambos abogados se quedaron viendo el uno a la otra, con incrédula expresión miraron hacia la lejanía, y se dispusieron a redactar su recurso contencioso tributario, sin más, a la espera, quizás también ilusa, de que la Alcaldía sí acataría la orden judicial de remisión del misterioso expediente administrativo, para al menos verlo, si fuese así, después de redactado y consignado el recurso, o incluso, ya en estado de sentencia.

Fue en ese minuto reflexivo que, sin embargo, Eduardo se vio precisado a apagar su computadora, despedirse de su absorta socia y salir de nuevo de su oficina, a pie, esta vez camino a la Alcaldía del Municipio Chacao del estado Miranda.

Sucedió que Eduardo recibió una llamada telefónica de otro cliente, la empresa ZZZ, cuyo Gerente de Impuestos le telefoneó para explicarle que requerían de sus servicios, toda vez que había un problema con la obtención de su certificado de solvencia con el impuesto a las actividades económicas.

Habiendo quedado en encontrarse en la parte de afuera del edificio sede de esa Alcaldía, el Gerente y Eduardo así lo hicieron, se dieron la mano como de costumbre, y Eduardo abrió el sobre que le fue entregado, extrayendo un documento que resultó ser el formulario de solicitud de expedición del certificado de solvencia, debidamente completado en cuanto a sus datos de rellenado y adjuntos necesarios para la tramitación.

Eduardo: Querido amigo, no entiendo, sabes que no me dedico a la gestoría, dentro de la gama de servicios profesionales que presto están solamente los de carácter legal. Si no tienes a alguien que haga tramitaciones oficiales puedo recomendarte a….

El Gerente: (Sobresaltado) Perdona que te interrumpa, sé perfectamente a lo que te dedicas y también la razón por la que te he llamado para atendernos hoy. El punto es que nuestro gestor vino esta mañana a consignar este formulario con sus recaudos y los funcionarios de la Dirección de Administración Tributaria se negaron a recibir el documento.

Eduardo: Cómo así que se negaron a recibir la solicitud? Esa si es nueva hasta para mi. Estás seguro de lo que me estás diciendo?

El Gerente: Completamente mi amigo! Y el problema es que estamos interesados en participar en un procedimiento de licitación pública, siendo que esta solvencia es uno de los recaudos indispensables para preparar el sobre que debemos presentar en ese ministerio dentro de apenas ocho días!!!

Eduardo: La verdad, querido amigo, es que estoy indispuesto con estas arbitrariedades, aunque desgraciadamente empiezo a aprender a vivir con ellas. Esta mañana me pasó en la Alcaldía del Municipio Libertador del Distrito Capital que….(se interrumpió), pero perdona eso te lo cuento otro día, veamos qué puedo hacer aquí, hoy por ti.

Narrador: Y ambos hombres entraron al edificio, se identificaron y subieron a las oficinas competentes, donde fueron recibidos por dos funcionarias de la Dirección de Administración Tributaria, quienes, al ver a Eduardo, al unísono, dijeron.

Las Funcionarias: Buenas tardes profe! Qué lo trae por aquí?

Narrador: Ambas funcionarias habían sido alumnas de Eduardo en el postgrado de derecho tributario.

Eduardo: Hola, cómo están ustedes? Qué gusto verlas! Hacía tiempo que no tenía noticias de ustedes, no sabía que estaban trabajando aquí en esta Alcaldía. Les presento al licenciado HHH, quien es Gerente de Impuestos de la empresa ZZZ.

Narrador: El Gerente se entusiasmó al considerar que su asunto pudiera resolverse fácil y rápidamente, al ver que ambas funcionarias habían sido alumnas de Eduardo, y que visiblemente lo tenían en gran aprecio.

Una Funcionaria: Tenemos como ocho meses aquí en la Alcaldía, y estamos contentas con nuestro trabajo, aprendemos mucho cada día.

Eduardo: Me alegro por ustedes y no les quitaré mucho tiempo amigas. El punto que nos trae esta tarde por aquí, en realidad, es muy sencillo de resolver. Se trata de que esta empresa vino esta mañana a consignar una solicitud de solvencia con el impuesto a las actividades económicas, que requieren para participar en un procedimiento de licitación pública, y resulta que no se la quisieron recibir, lo cual es muy extraño pues, para no decir ilegal.

Una Funcionaria: Profe, nos va a disculpar, pero es que no podemos recibir esa solicitud.

Eduardo: No las entiendo de verdad muchachas. Ustedes saben, y eso lo vimos en clase …

Narrador: (jajajajaja rien todos).

Eduardo: … que la Administración Pública está obligada a recibir toda petición o solicitud que una persona pueda dirigirle. Vimos que la Constitución consagra el derecho humano de petición y obtención de oportuna y adecuada respuesta, por lo que obviamente, mal podría estar obligado el funcionario público a responder una instancia de iniciativa del interesado, si no estuviese también, evidentemente, obligado a recibir esa petición, y así enterarse de su contenido.

Narrador: Eduardo continúa su clase.

Eduardo: Incluso la Ley Orgánica de Procedimientos Administrativos, al establecer la figura del despacho saneador o despacho subsanador, permite que el funcionario público que reciba una petición, en caso de notar que falte algún recaudo o haya otra cosa que aclarar para la debida sustanciación de la solicitud, pueda requerir la pronta subsanación de lo faltante, so pena de perención del procedimiento, pero obviamente sin poder negarse, de entrada, a recibir la solicitud.

Una Funcionaria: Lo sabemos profesor, créanos que lo sabemos y estamos conscientes de nuestras obligaciones legales, como funcionarias públicas.

Narrador: La funcionaria habló con tonalidad seria.

Una Funcionaria: Incluso recordamos que el Decreto con Valor, Rango y Fuerza de Ley Orgánica de la Administración Pública consagra explícitamente el denominado deber de recibir de la Administración Pública, sancionado en caso de incumplimiento con la responsabilidad funcionarial en caso de causar perjuicios a la persona interesada.

Eduardo: Entonces, queridas amigas y bien recordadas exalumnas, no entiendo cómo no le reciben esta sencilla solicitud de solvencia de impuesto a esta empresa. Cuando mi amigo aquí presente me llamó por teléfono para contarme que requería de mis servicios, al principio no entendí. Le comenté, ah, hicieron una petición de solvencia y se la negaron, a lo que me respondió que no. Pensé y dije, ah, hicieron una petición de solvencia y pasa el tiempo y no se la responden, a lo que me indicó que tampoco. Ahora veo que el problema es que no le reciben la solicitud, sin que conste en parte alguna que hubo el intento de presentarla.

Una Funcionaria: Mire profesor, con todo respeto, el caso es que no podemos recibirle la solicitud de solvencia porque esa empresa no está solvente. Acérquese, mire, aquí en la computadora puede ver el estado de cuenta de esa empresa, y como podrá observar, tiene estos dos cargos trimestrales pendientes de pago.

La Otra Funcionaria: Se da cuenta profe, no es que no queramos colaborar con la contribuyente, pero no podemos recibirle la solicitud de solvencia, si no se encuentra solvente.

Eduardo: Amigas, si la empresa no se encuentra solvente lo que no pueden hacer legalmente es declararla o reconocerla solvente con un certificado al efecto, pero eso no tiene nada que ver con recibir o no la solicitud de solvencia. Lo que corresponde en este caso es……

Una Funcionaria: (Interrumiendo) Lo sabemos profesor, recibir la solicitud de solvencia y responderla oportunamente con una resolución denegatoria, motivada en los cargos pendientes de pago, acompañando el estado de cuenta, para que la contribuyente sepa exactamente lo que se supone debe y que justifica su estado de insolvencia, a criterio de la Administración Pública.

La Otra Funcionaria: Exacto profesor. De ese modo, si la empresa considera que esos cargos sí fueron pagados, pero que permanecen pendientes en su estado de cuenta por error de la Alcaldía, podrá traer los comprobantes de pago debidamente cancelados, o servirse de otros medios probatorios igualmente legales y pertinentes, para que por vía de revisión o de autotutela administrativa, o por medio del recurso jerárquico o del recurso contencioso tributario, se demuestre la ilegalidad de la denegatoria de solvencia, con su revocación o anulación, se depure o limpie el estado de cuenta y se certifique la debida solvencia, notificando de ello oportunamente a la contribuyente solicitante.

Eduardo: Correcto! Veinte puntos amigas! Pero entonces qué ocurre que no reaccionan como lo manda la ley?

Narrador: Las funcionarias se ven las caras con amarga expresión.

Una Funcionaria: Profe, usted no entiende, son las políticas internas de la institución.

Eduardo: Tienen razón, no entiendo. Cuáles políticas internas de la institución? Aquí de lo que hablamos es de la vigencia efectiva de la Constitución y de las leyes, es decir, del imperio del derecho en una sociedad democrática. Las políticas las dictan los jerarcas de las administraciones públicas, y ellos están subordinados a la Constitución y a la ley. Ustedes, como funcionarias públicas, están obligadas a acatar y respetar el mandato del soberano, por obra del poder constituyente y del legislador. Ustedes están jurídica y éticamente llamadas a desobedecer políticas internas que contraríen al Estado de Derecho!

La Otra Funcionaria: Profe, si usted supiera, después que terminamos de estudiar, fue mucho lo que nos costó conseguir un buen trabajo, tenemos compromisos familiares y usted sabe que no es fácil reubicarse laboralmente y que la cosa no está bien con la inflación y eso. Aquí estamos seguras y gozamos de un buen paquete económico.

Eduardo: Está bien, tranquilas, perdonen mi exabrupto moralista, las entiendo. A veces olvido que Kelsen no vivió en nuestra Caracas de hoy, si ese hubiera sido el caso, quizás no habría escrito su famosa Teoría Pura del Derecho.

Narrador: (jajajajajajajaja todos ríen, menos el Gerente que no sigue muy bien el discurso que acaba de presenciar).

El Gerente: A todas estas, cómo se resolverá nuestro asunto? Me preocupa mucho que tenemos muy pocos días para introducir a tiempo ante el ministerio el sobre para la licitación.

Una Funcionaria: Lamentablemente nosotras no podemos hacer nada, que pena profe.

Eduardo: Amigas, siempre se puede hacer algo, si hay intención de resolver los problemas.

 

La Otra Funcionaria: Sí profe, pienso que podríamos llevar el asunto al Director de Administración Tributaria, de modo de tratar de resolver ese asunto.

Una Funcionaria: Nahhh. Que va! El nos dirá lo que ya sabemos. Que si hay cargos en el estado de cuenta no podemos recibir la solicitud de solvencia, y mucho menos declarar solvente a la empresa contribuyente. Sería inútil. Y nosotras sabemos que si no es el Alcalde solo quien dicta esas políticas internas, en todo caso el Director de Administración Tributaria también participa de ellas o al menos es el encargado de hacerlas cumplir, diga lo que diga la ley.

Eduardo: (Dirigiéndose al Gerente) Estimado amigo, cuánto interés tiene la empresa en participar en esa licitación?

El Gerente: Amigo, sabes que un procedimiento de licitación pública es un azar, todos los participantes queremos ganar pero ninguno sabe quién será el vencedor.

Eduardo: Claro, pero tu estás enterado de las vicisitudes del mercado, tienes detalles sobre tecnologías, conocimientos técnicos, capacidades económicas, recursos de toda índole que te permiten hacer un estimado, bastante probable, de las resultas.

El Gerente: Cierto, sin saber a plenitud quién ganará, puedo decirte que nuestro chance es el mas alto, si es que podemos participar claro, entregando todo cuanto nos piden.

Eduardo: Entonces retomemos (dirigiéndose a las funcionarias). Dicen ustedes que recibirían la solicitud de solvencia, y además la certificarían, si no existiesen cargos en el estado de cuenta, correcto?

Una Funcionaria: Correcto profe!

Eduardo: Estimado amigo, estaría la empresa en capacidad de pagar hoy o mañana mismo esos cargos aparentemente pendientes?

El Gerente: Pero eso ya lo pagamos!

Eduardo: Puedes traer los respectivos comprobantes de pago debidamente cancelados, de modo que estas distinguidas funcionarias puedan depurar el estado de cuenta, recibirte la solicitud de solvencia y proseguir como era tu idea?

El Gerente: Es que necesitaríamos mas tiempo para localizar esos comprobantes en el archivo muerto, y no disponemos de ese tiempo.

Eduardo: Entonces, amigo mío, permíteme insistir en mi pregunta: estarían dispuestos a pagar esos cargos de nuevo ahora?

El Gerente: No entiendo! No te sigo!

Eduardo: El punto, amigo mío, siendo muy pragmáticos, es de saber si estarían dispuestos a pagarlos, aunque ya lo hayan hecho, toda vez que no pueden en este momento demostrar que ya los habían pagado, para poder participar en la licitación, que es lo que ahora interesa con mas intensidad, pues de lo contrario no será posible tomar parte en dicha licitación.

El Gerente: Pero…..

Eduardo: (Interrumpe) Tranquilo, la estrategia sería pagar ambos cargos ahora, hacer depurar o limpiar de esa forma el estado de cuenta, presentar la solicitud de solvencia, obtener la tal solvencia, participar en la licitación y, ganen o no la misma, posteriormente solicitar de la Dirección de Administración Tributaria el reintegro de los pagado indebidamente, o compensarlo contra futuros pagos a hacer a la Alcaldía.

El Gerente: Estimado amigo, siempre hemos seguido tus recomendaciones, hagámoslo de nuevo.

Eduardo: Ya oyeron amigas mías, cómo podríamos hacer para concretar este proceder?

Una Funcionaria: Pediré a la gente de recaudación que emitan las planillas de pago de inmediato, y así las tendremos aquí mañana a primera hora.

Eduardo: Está bien, (al Gerente) ustedes desde la empresa tramiten el cheque de gerencia, de modo que mañana retiren las planillas y las paguen, las traigan a estas bien dispuestas funcionarias, de modo que se sirvan depurar o limpiar su estado de cuenta, les sellen la solicitud de solvencia….

Una Funcionaria: (Interrumpe) Y para mañana en la tarde le entregaremos el certificado de solvencia.

El Gerente: Excelente, de ese modo pasado mañana cumpliremos con la oportuna entrega del sobre en el ministerio, para participar en la licitación.

Narrador: Todos se despidieron llenos de sonrisas, al haber encontrado una solución al problema. Claro, no al de la arbitrariedad de la violación de la obligación de recibir las peticiones, sino al tema de fondo, vinculado con el interés de participar en la licitación.

Eduardo regresó a su oficina caminando. Mientras tanto, recordando sus estudios universitarios, se percató de que en ninguna materia en la Escuela de Derecho le enseñaron el arte de negociar, cosa que no extrañó al graduarse, pues siempre creyó, de buena fe, que en la calle imperaría el derecho, y que las administraciones públicas se esmerarían por cumplirlo.

Eduardo se sentó en su despacho y suspicazmente se quedó contemplando su biblioteca, le quiñó el ojo a la justicia hermosa que desde la pared de enfrente, con la venda movida, lo veía con complicidad.

En ese momento prefirió escuchar música, la Novena Sinfonía de Bethoven, y releer El Principito, al cabo de lo cual decidió dormir una siesta, hasta que sonando la alarma de su celular, a las 7 pm, recordó el compromiso que tenía, de ir a cenar con una amiga.

Se acicaló lo mejor que pudo, se perfumó y salió en su carro al restaurant francés de mayor reputación de la ciudad, donde habían quedado en encontrarse.

Al llegar entró al lugar y, asomándose con interés, divisó a su amiga, una hermosa mujer, muy simpática, pero sobre todo elegante, inteligente y amante de las buenas conversaciones.

Eduardo: Buenas noches Mónica, tu siempre tan puntual, una cualidad tan desdibujada en nuestros días, pero tan apreciada por quienes sabemos respetar el tiempo y la dignidad de aquellos con quienes convivimos en la ciudad.

 

Mónica: Eduardo, Eduardo, no estás en estrados, deja las formalidades y los discursos para que impresiones a los jueces y magistrados. Suéltate un poco, aprende a respirar la vida y no solo el aire que insufla tus cuerdas vocales de raciocinios argumentativos.

 

Eduardo: Hola bella, cómo has estado?

Mónica: Excelente! Contenta se separarme de mi mesa de dibujo, que tanto me apasiona, pero a la vez me desgasta, para tener un momento de esparcimiento con un buen amigo.

Eduardo: A veces creo que tu mundo de caricaturas es menos malagradecido que el mío de la antiley, pero eso se esfuma rápido, cuando entiendo que solamente retratas con humor la infame realidad política que nos rodea, lejos de meramente expresar el espacio de contentamiento y satisfacción social que desearías mostrar a los lectores de los medios impresos en que se publica tu creatividad.

Pero pasemos a una mesa. Estoy seguro de que saldrás muy satisfecha de aquí. El chef vino de París y es ganador de concursos culinarios internacionales.

Narrador: Luego de ser bien ubicados, en la mesa que Eduardo había reservado, ambos oyeron las recomendaciones del Maître con atención y deleite. Mónica eligió comer Coq au Vin, y Eduardo un Chateaubriand a l´Obernaise. Ambos acordaron degustar sus platillos con una botella de un buen vino de cepa Pinot Noir.

Eduardo: Salud! Brindo por el placer de tan grata compañía, y porque hayan mas sonrisas en nuestras vidas.

Mónica: A la votre mon cher monsieur! Sonrisas y muchos éxitos para ambos. Mano izquierda y viéndose a los ojos, para que se repita.

Narrador: Chocaron sus copas y rieron de gusto.

Comieron deliciosamente y no pudieron resistirse a concluir con un compartido Mouse au Chocolat, seguido de un rico licor de cerezas, como digestivo, propio de la región alsaciana.

Durante la cena los dos conversaron muy animadamente, contándose sus criterios sobre las últimas noticias nacionales, y comentando algunas anécdotas inevitables del quehacer profesional.

Eduardo: ….y entonces la funcionaria me preguntó: le cortaron la cabeza al Papa? Y yo le dije, ese es Benedicto XVI y yo le hablo de Luis XVI, pero bueno, que importa jajajajajajajajaja. No puedo con tanta ignorancia!

Mónica: jajajajajajajaja. Verdaderamente! Es el colmo, pero de esa gente lo extraño es que supieran algo, de algo jajajajajajaja.

Me hiciste alegrarme el día con esta risa a carcajadas, pero quiero que sepas que estoy pasando por un mal momento.

Eduardo: Que te ocurre Mónica, por qué tan compungida?

Mónica: Ay amigo, primera vez en mi vida que estoy siendo objeto incesante de llamadas amenazadoras y de mensajes groseros y ofensivos, en mi celular, en mi oficina, en mi correo electrónico y hasta en mi casa.

Eduardo: Y eso por qué? Qué te dicen? Tienes ideas de quiénes puedan ser? Quiénes podrían tener un comportamiento tan vil y ruin?

Mónica: El por qué es precisamente por ejercer mi derecho a la libertad de expresión, a través de mis caricaturas. Me dicen que me cuide, me relatan mi itinerario cotidiano para que vea que me tienen vigilada. Me agreden con toda clase de improperios y vulgaridades. Y obviamente que son gente vinculada al gobierno, camarilla de fanáticos incivilizados.

Eduardo: Y cómo puedas estar tan segura de que se trata de gente ligada al gobierno?

Mónica: Primero, porque mis caricaturas, como tu lo sabes, tienen el tema político, y sobre todo versan acerca de la realidad y actualidad políticas del país, como objetivo, haciendo crítica humorística de las contradicciones, incumplimientos y demagogias del discurso gubernamental. Es decir, que quien se rasca es a quien le pica, si me permites….

Eduardo: Y en segundo lugar?

Mónica: Pues que fui específicamente nombrada en ese chabacano programa del canal oficial de televisión, donde fui tildada de vende patria, derechista, burguesa y hasta de imperialista. Es decir, que mostrar la problemática de la contaminación del agua, de los desastres ambientales, de las carencias hospitalarias, y pare usted de contar, me hace traidora. No es que me hayan atrapado por ilusa. Ya sabía que con un régimen como éste no tardarían en tratar de hacerme callar, pero es fuerte ver tu nombre ser enlodado de esa manera tan vil.

Eduardo: Amiga, ya sabes, ama el canto de los pájaros libres y no dejes de consultar El Miedo a la Libertad, de Erick Fromm. Cuídate, sobre todo tus espaldas, pero no cejes en tu empeño creativo y denunciante.

Mónica: Lejos estoy de ser amedrentada por esa jauría.

Eduardo: Esa es la actitud! Siempre te he admirado por ello.

Narrador: Mónica sonrió y bajó la cabeza en señal de humildad. Ella también admiraba a Eduardo, solo que tendía a no ser muy efusiva al respecto porque aún no estaba segura de si se estaba enamorando, y como no hacía mucho había pasado por una tormentosa despedida amorosa, prefería ser discreta en cuanto a sus sentimientos.

Eduardo, percatándose de la situación, algo tensa, optó por relatar algo gracioso. Ambos rieron a gusto, y luego de una especie de contrapunteo de chistes, Eduardo pidió la cuenta y pagó.

Salieron, esperaron que les trajeran sus carros. Eduardo acompañó a Mónica al suyo, se despidieron con un beso en las mejillas y un muy demostrativo abrazo.

Eduardo pagó la propina por ambos carros, subió al suyo y arrancó, escoltó a Mónica hasta su casa, se dijeron un chao de mano, y prosiguió absorto en sus pensamientos.

De pronto, decidió escuchar música, precisamente el CD de Céline Dion que venía oyendo al llegar al restaurante, pero se ve que el chofer del lugar había puesto el radio del carro, por lo que al encenderlo, de inmediato se oyó la voz inconfundible del Jefe … (de Estado?) decir, encadenado: “…por fin en nuestra amada patria se respetan los derechos humanos!”

 

comentarios
  1. katla dice:

    Que significa antiderecho ???

  2. Aracelys Salas Viso dice:

    Mi estimado amigo y compañero Alberto: mas que la antiley y tropiezos de los protagonistas del cuento, solo me recuerda lo que vivimos en este país desde hace 13 años, como producto de un proceso de la mas devastadora descomposición, social, político, económico y sobre todo moral-ético. Esa, es sola una parte de un horror que a diario vivimos los venezolanos en cada institución pública, y hasta privadas que creyentes u oportunistas hacen de la cotidianidad un infierno.
    Impecable la narración y la figura literaria utilizada, si el fin era hacer reflexionar al lector, cumplido con creces!!!
    Como tu, quienes ejercemos la docencia, tenemos un escenario de lucha por medio de la educación, pues mas allá de enseñar el derecho debemos fortalecer y a veces, forjar principios y valores, los básicos, los simples para la convivencia ciudadana en esas generaciones que se forman. Hoy mas que nunca el Estado está maltrecho, y el estado somos todos. Aunque la triste celebre presidenta del TSJ afirme que no hay división de los poderes del estado, éste, el que hoy se ejerce y que algunos, mejor dicho la mayoria sufrimos, debe cambiar.
    La tarea es de todos, desde donde estamos, sembrando conciencia, inculcando valores, luchando por el mejor país para los mejores ciudadanos del mundo: los venezolanos solidarios, nobles, luchadores, alegres, abiertos, sin prejuicios, inteligentes, generosos, fiesteros, y querendones. Que estas cualidades se complementen con honestidad y trabajo.
    Ojala Eduardo, en su resiliencia mantenga la paciencia y sus valores, su figura es fundamental en un proceso como el nuestro.

  3. 08Sonic dice:

    Ese tipo de actuaciones de la Supervisora de la Alcaldía del Municipio Libertador demuestra la inseguridad jurídica que vivimos. ¿Qué seguridad jurídica puede esperar una persona si le hacen esto a un abogado? y eso nos afecta a todos: ingenieros, arquitectos, abogados, maestros, al ciudadano de pie.

  4. 08Sonic dice:

    Esas Supervisora algún día pagara con CÁRCEL esa manera de actuar. La violación de las Ley Orgánica de Procedimientos Administrativo acarrea responsabilidad administrativa y penal. Solo necesitamos un cambio DE PRESIDENTE para que cambie la actitud, en una Alcaldía seria te deben dar el expediente, para que el abogado pueda elaborar su estrategia y recolectar información para sustanciar sus pruebas para defender a su cliente, imagínate, sin expediente que carrizo puede hacer un abogado, solo le queda acudir a la ley, a las circulares de la Alcaldía, a sentencias y demostrar que lo que alega la Alcaldía es ilegal, pero no son brutos, ellos tienen su Departamento de Consultoría Jurídica…

  5. 08Sonic dice:

    Si, es el antiderecho…. y lo mas rudo de esta carrera y lo que lleva a muchos abogados a preferirse quedarse encerrado en su despacho como asesor jurídico o ser profesor y realizar actividades académicas, porque las leyes las ausan como pisapapeles, hacen lo que les da la gana. No es el único caso que he oido que pasa ese tipo de cosas. En el TSJ hacen lo que les da la gana y si buscas una sentencia o expediente antes del año 2000, la respuesta que recibes: “esa sentencia no existe” “estos es un error” “Ud. se equivoco de nº de expediente” “que la fotocopiadora esta dañada y no podemos sacar copias” y resulta ser que la orden es NO DEJAR SACARA FOTOCOPIAS a expedientes y sentencias antes del año 2000, violando la Constitución y el derecho del Acceso a la Información Pública. Y lo que mas rabia da, es que no tienen las b…as de decirtelo en la cara, por eso detesto ir al TSJ y su biblioteca, no es un sitio bueno para la salud mental de cualquier abogado, y para cualquier estudiante de Derecho.

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